Todo. Nada. Siempre. Nunca. Palabras muy grandes que se imponen y pareciera que no somos dignos de poderlas usar de manera coherente. Gigantes de otras humanidades, quizás de las ya muy lejanas, o de las que, para los de hoy, "nunca" existieron.
El viejo me miró y me dijo que tuviera cuidado si las usaba. Pero el pequeño me dio fuerzas y sin mucho que pensar las puse en su voz, que también es la mía.
El aprendizaje es una relación, con uno, con un otro, semejante u objeto, por ende la autonomía es ficticia, una ilusión que roza la omnipotencia. El autodidacta tiene el don de ver la sutileza de como el otro, queriendo o no,le muestra (le enseña) y este en su silencio la hace suya, a la relación.
El viejo lo sabía, que el otro estaba ahí, siempre acariciando la mirada. Porque si bien aprendía del semejante, también lo hacía del muy diferente. A veces lo encontraba triste porque las vertientes se escondían y masticaba sin poder tragar las razones de lo sucedido. El viejo entendía el lenguaje de las piedras, de la lluvia, el silbar del viento, de la codicia del avaro, del egoísmo del individuo, del frío de los solitarios, de la lágrima del rencoroso, de la venganza del temeroso, de la oscuridad de los adultos, de la luminosidad de los niños. Sabía que a veces le tocaba ser uno, y otras veces debía ser otro.
Aprender. Enseñar. Relación.
El aprendizaje es una relación, con uno, con un otro, semejante u objeto, por ende la autonomía es ficticia, una ilusión que roza la omnipotencia. El autodidacta tiene el don de ver la sutileza de como el otro, queriendo o no,le muestra (le enseña) y este en su silencio la hace suya, a la relación.
El viejo lo sabía, que el otro estaba ahí, siempre acariciando la mirada. Porque si bien aprendía del semejante, también lo hacía del muy diferente. A veces lo encontraba triste porque las vertientes se escondían y masticaba sin poder tragar las razones de lo sucedido. El viejo entendía el lenguaje de las piedras, de la lluvia, el silbar del viento, de la codicia del avaro, del egoísmo del individuo, del frío de los solitarios, de la lágrima del rencoroso, de la venganza del temeroso, de la oscuridad de los adultos, de la luminosidad de los niños. Sabía que a veces le tocaba ser uno, y otras veces debía ser otro.
Aprender. Enseñar. Relación.
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