miércoles, 12 de septiembre de 2012

Amana

Significa "donde vive el jefe". Temprano salí del lugar donde por el momento resguardo mis papeles de la intemperie. He visto naufragar mis libros sin saber como amontonarlos para que no se humedezcan, y sentir mi guitarra al verla impotente que no se mojara. Salí exactamente a las 3 AM sin saber cual sería mi destino, mi punto de llegada. Días antes toda la paz y ternura se habían transformado en un dato al cual podía dirigirme pero sin embargo la incertidumbre se hacía presente con forma de miedo y desaliento. Manejé, porque eso es lo que hago muchas horas de mis días, y en ese acto los pensamientos se diseminan y juegan a crecer y desaparecer practicamente de manera simultanea. Anduve por caminos que alguna vez me fueron nuevos y que acunarían la aventura del nuevo ser que hoy extraño. Pero el amanecer pintó un desconocido paisaje y sin temor a equivocarme indagué por lo deseado. Las voces de esas sierras me llevaron por caminos de quebradas, de cuestas empinadas, de hombres al borde de la huella reparando el sendero a pico y pala. A andar sin importar el tiempo, a encontrarme con ese lugar inesperadamente muy importante para los antiguos, para los que hoy son voces firmes en mi alma.

En Amana hay una escuela, hay seis niños y una maestra. Hay sueños y ganas y eso es lo que me lleva.

Gracias a todas las voces serranas, pero más a la que logró llevarme con su mesura y delicadeza a acercarme a ellas. Gracias, voz de mujer compañera.