viernes, 26 de enero de 2018

NUNCA HAY AUTONOMÍA EN EL APRENDIZAJE

Todo. Nada. Siempre. Nunca. Palabras muy grandes que se imponen y pareciera que no somos dignos de poderlas usar de manera coherente. Gigantes de otras humanidades, quizás de las ya muy lejanas, o de las que, para los de hoy, "nunca" existieron.

El viejo me miró y me dijo que tuviera cuidado si las usaba. Pero el pequeño me dio fuerzas y sin mucho que pensar las puse en su voz, que también es la mía.

El aprendizaje es una relación, con uno, con un otro, semejante u objeto, por ende la autonomía es ficticia, una ilusión que roza la omnipotencia. El autodidacta tiene el don de ver la sutileza de como el otro, queriendo o no,le muestra (le enseña) y este en su silencio la hace suya, a la relación.

El viejo lo sabía, que el otro estaba ahí, siempre acariciando la mirada. Porque si bien aprendía del semejante, también lo hacía del muy diferente. A veces lo encontraba triste porque las vertientes se escondían y masticaba sin poder tragar las razones de lo sucedido. El viejo entendía el lenguaje de las piedras, de la lluvia, el silbar del viento, de la codicia del avaro, del egoísmo del individuo, del frío de los solitarios, de la lágrima del rencoroso, de la venganza del temeroso, de la oscuridad de los adultos, de la luminosidad de los niños. Sabía que a veces le tocaba ser uno, y otras veces debía ser otro.

Aprender. Enseñar. Relación.

jueves, 18 de enero de 2018

JUGAMOS PORQUE ES NUESTRO DERECHO

Por poco olvido que el escrito venía con sus reglas. Porque así concibo las cosas, como pequeños juegos de este gran juego. Pareciera que hacer esto o transformar las distintas situaciones en eso, desprestigia a la acción, pero en realidad la constituye como tal. Tenemos derecho a la vida, a la educación, tenemos derecho al juego. Cuanta responsabilidad, que maravilloso y gran regalo; la conjunción de vida y educación.

El viejo sabía que había estudiado para maestro, que disfrutaba compartir mi tiempo con los más pequeños deleitándome con escucharlos balbucear, verlos gatear, sorprendiéndome con sus primeros pasos, y armar así magníficos interrogantes. El viejo sabía que respetaba las conversaciones del señor de la tabacalera del otro lado del océano. También me escuchaba conversar con los niños cuando nos reuníamos entre las paredes blancas, y así, navegábamos y hasta naufragábamos en  mares de pensamientos profundos sin temor al extravío o la tragedia… porque lo entendíamos como un juego el cual siempre tenía el mismo fin, disfrutarlo. Hemos compartido con el viejo momentos de adolescentes, y allí también a veces nos faltaba norte. Jugábamos. Siempre.

A veces, la regla es la no regla, lo sinuoso el camino corto y la ilusión lo verdadero. El viejo me escuchaba, y yo a él, hasta después de su muerte. Así como el juego, el viejo, contenido y continente, materia y forma, partícula y energía, compartimos ahora, antes y después.


¿Qué tiene que ver esto con educación? Todo. Nada.

domingo, 14 de enero de 2018

DE GESTIÓN PÚBLICA O PRIVADA POR AHORA NACIONAL

La gestión de una institución educativa pasa por quien aporta el dinero, ya sea el común desde los impuestos, o algún patrón desde su idiosincrasia. Lo público, lo de todos; lo privado, lo de unos pocos. Pareciera que quien mantiene de alguna manera cercana ambos tipos de gestión, las comunica y las hace entender, es el ser en esencia nacional; pues compartimos costumbres, historia, ideas, miradas, más allá de nuestro capital económico, social, cultural y simbólico.

Lo nacional, por ahora, es lo que se establece como puente. Pero si ese puente por alguna extraña razón se deteriora o se rompe y no funciona como un fluir constante, es más, si simplemente deja de existir, se extingue, pasando a ser un dato de nuestra historia, es necesario pensar, idear, una nueva realidad.

Hoy lo público y privado se muestra como lo ineficiente y lo empresarial. Caer en un tipo de gestión o disfrutar el éxito asegurado desde el primer día es lo manifestado desde el gobierno nacional. Por ello, lo nacional del Sistema Educativo Argentino cada vez podría costar verlo más. ¿Cuál sería entonces esta nueva realidad?

Hasta aquí lo público y lo privado son puntos en un mapa y lo nacional el puente que los une. Entonces, podríamos mirarlo de la siguiente manera, lo nacional como la totalidad del mapa, con todos sus accidentes geográficos, sus datos actualizados de clima, posicionamientos de sus individuos, corrientes de aire, movimientos sísmicos; la totalidad del conocimiento vivo. Y la gestión de ese conocimiento como la forma de acercamiento al mismo.

Es preciso dibujar el futuro-.

domingo, 7 de enero de 2018

CAMINAR JUNTO A ELLOS

Eso el viejo lo conocía bien. Desde niño, desde su cuna, la montaña. Porque si algo sabía, porque bien lo había aprendido, era que dependiendo el lugar al que quería llegar, eran las huellas que debía seguir. Una y otra vez probaba esta primera idea para simplemente ver si tenía excepción, y nunca encontraba dificultad para hallar el destino. Hormigas, avispas, abejas, ovejas, cabras, potrillos, potrancas, pumas, hasta una que otra soledad, o tristeza, o alegrías.

Un niño de montaña era el viejo, una de las personas que caminaba siempre acompañado por más que se lo viera solo. Es que la compañía venía desde adentro. Una suma de sonidos de pasos justo en el momento de dejar la huella, la marca que sirve de guía. Cuando caminaba con amigos se lo veía iluminar la noche con su mirada. Cuando era acompañante de algún desconocido, suave sonreía para no perturbar con la imprudencia. Una cosa es clara, buscaba compartir el paso. A veces sugería acelerarlo, por ser conocedor del lugar; otras aceptaba disminuirlo, contemplando la intuición de la persona con quien caminaba.

Eso me enseñó el viejo, a caminar. Y de esa manera, junto a los otros. Y que si quiero encontrar el destino simplemente sigo las huellas que ya están, desde siempre. Y así, en el hecho de aprender y enseñar, los momentos fluyen nacen y crecen, siempre a la altura acordada.