¿A donde van las palabras que uno dice? ¿Hasta dónde llegan? ¿A que rincón de la persona? Las ajenas quedan aquí en la piel, se sienten tibias y lentamente buscan el correr de la esencia para trasladarse junta a ella por cada mínima porción, por cada pedacito de materia que contiene lo que deseo ser. Esas palabras resuenan a cada instante en cada parte y despierto las veo, y mientras duermo las escucho. No como susurro tímido o precavido, se presentan firmes y dulces, claras y certeras.
Cada voz viene y me invita a cambiar, a recapacitar, a modificar. Algunas pícaras me desafían a querer buscar la complicidad, a sonreir tarareando la canción. Otras, más severas me reclaman discreción. Cada timbre me retumba, y como un eco infinito cada tanto parece que se aleja, pero este mundo circular lo hace volver.
Cada mirada me torna transparente y quedo cautivado buscando mi reflejo en el iris ajeno. Me busco allí para saberme, reconocerme, recordarme. Porque tanto veo, o por lo menos intento, que por momentos quedo ciego. Camino por inercia, contesto balbuceando llantos, sostengo sin sentir peso, sin percibir el cansancio.
Escucho de lejos que mis sueños gritan, y en el murmullo constante de la soledad el silencio los calla. Pero son testarudos y me susurran dulces anécdotas de niño, el caminar sin destino, el cantar a viva voz por la vereda del vecino, el detenerme a escuchar la historia de vida de un pequeño de tres largos años de vida, con relatos a media lengua de sus dichas y sus penas. Escucho lo que de muy adentro viene, escucho lo que llega de muy afuera y habla de mí sin conocerme.
Hace tanto que no sentía esto, de esta manera... mejor así, cada uno a su modo, yo no tengo nada, solo esto, lo que me dan, que es lo que recibo gustoso. El camino me lleva y las sierras son testigos, sus aguas conocen mis lágrimas en silencio; su luna mi deseo profundo del constante volar.
¿A dónde irán mis palabras, mi voz, mi mirada? Sólo sé que las de aquella persona me colman de una manera indescriptiblemente agradable.
El Arriero es un emprendimiento Educativo - Cultural el cual busca captar y documentar conocimientos populares para luego compartirlos en distintas comunidades rurales dispersas, generando así una vía de comunicación.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
lunes, 17 de diciembre de 2012
UNO, DOS, TRES...
Así creo que simplificaría Diciembre hasta este momento. Tres cosas, o tres momentos que marcaron fuerte en cada una de las ideas y los deseos que da estructura a este hacer. A veces uno disimula y hace que no escucha, pero las palabras quedan en la piel y el sonido lento penetra por todo el cuerpo, y así de manera segura y constante, sin ningún apuro llega al corazón. Tres relatos de un mes, y ser primero, segundo, tercero es simplemente como la vida se encaprichó de ubicarlos. Son iguales en importancia, casi podría decir que son lo mismo pero sé que no es así.
UNO
Mi incomprensión al momento, a ese que vivía sin quererlo, y al predisponerme a ayudar por más que sintiera que traicionaba mis sentimientos, me avasayó y logró confundirme como hacía tiempo no sucedía. Así comenzó Diciembre, protegiendo a una persona practicamente desconocida pero que su mirada me invita a pensarla todo el tiempo, desde que el trabajo comenzó allá por Abril, cuando el vehículo verde trasladaba sólo sueños. La protegí porque creí en todas esas individualidades que la rodean. Di mi palabra, pues es eso lo único que tenemos, y allí me separé de mis sentimientos.
Cae cada cosa por su propio peso, dicen, pero cuando uno es aire, ese don, esa ventaja no se la tiene. Porque caer no es más que una excusa para sentir nuestra esencia, no es más que una excusa para incorporarse y disfrutar del cambiar de perspectiva, de tener una nueva mirada. Pero de esta manera, la de ser tan liviano, las cosas pasan, o uno pasa volando. Y eso creo que me impulsó a alentar ese deseo ajeno, el saberme tan efímero, innecesario, pasajero.
La decisión fue espontanea, con una sonrisa eclipsé toda mi pena y así lo sostuve. Por un lado me encontraba desconcertado, por otro me sabía alegre pues el destino me estaba poniendo el límite que necesitaba. Siempre es la misma dualidad que me convence, en lo malo lo bueno, en la desgracia la dicha.
Siento que ya todo esto es inevitable, pasa de manera cíclica y por momentos intuyo lo que no deseo. Pero es sólo una sensación, por suerte o por desgracia. Una sensación es lo primero, lo concreto, lo real, pero a veces la realidad se aleja y es el verdadero mundo de uno el cual enmarca la cotidianeidad del otro, ese que nos constituye. Y uno mira, o intenta hacerlo, y busca algo común en todo ese desparramo de deseos, sensaciones, pensamientos, actuares... y me pregunto ¿qué es?
Amor, supongo que será la respuesta. Amor por otro, por uno mismo, por sus ideas, o por las de otro. Amor por un arte o una técnica. Amor por el saber, o la ignorancia, la cual invita a saber de una manera delicada. Amor por la sangre que corre en cuerpo ajeno y sin embargo no es más que la de uno.
Por eso las palabras se escapan, porque lo buscan, y en ese buscar quieren que aunque sea uno llegue y se deleite, se embriague del placer de pocos. Porque en una mirada sincera se encuentra, en una caricia azarosa se siente, en un silencio tímido crece y en un capricho muere.
Vos elegís, una vez así me dijeron. En ese momento no entendí como se elegía ser libre, hoy no lo comprendo. Pues mi libertad estaba en mi actuar, mi condición en mi decir, mi fundamento en mi pensar y mi esencia en mi sentir. Y diciembre hizo que me contradijera desde el principio y actué en contra de lo que sentía, pero ante los ojos de los que saben, la responsabilidad de un adulto seguro se vio reflejada. Así comenzó diciembre... eclipsando esta declaración de primeras palabras.
DOS
Sé que de claro esto tiene nada, como también sé y varios saben "disfrazar" conceptos es un juego que disfruto hacer. Sin ánimos de ofender, sin deseos de menospreciar, pero a veces la sinceridad opaca y hasta algunos asusta. Esa no es la intención, para nada. Y así como estas líneas iniciales la esperanza llegó sin ser llamada. Todo el hacer desinteresado y hasta un punto generador de una tristeza interior se vió disminuida, hasta casi desvanecida en su totalidad. Una ilusión que crece y hace desvanecer a la otra. A veces uno se vuelve tan torpe que no cree, por supuesto en sus pasos, ya que ha tropezado tantas veces. Esperanza es el segundo momento. Esperanza en la espera atenta, pues sólo aquel que está atento puede ganar al tiempo... según el apodado por el colectivo "el hermoso". Estar atento, ser atento, atender, entender, preentender, pretender... ¿quién sabe a que se refirió? La verdad es que escuché, luego ví, caminé lento percibiendo cada aroma, sentí el camino en mi cuerpo y hasta celebramos el encuentro de la comida en la inmensidad de las sierras de comechingones. Todo llevaba al seguir soñando, sin límite, sin destino, sin indicar ni una mínima chance, pero con la posibilidad de elegir el futuro.
TRES
Pero nunca aprendí, y parece que nunca lo voy a hacer, y pregunté lo que no debía, y toda aquella ilusión nacida en Abril se comenzó a alejar, a desdibujarse con mis propias palabras. Desilusión por mí, por no aprender a callar, por el capricho del ver el hacer... quizás no respeté tiempos, quizás es LA Señora quien me apura, aunque no lo quiero ni pensar.
Fue en una hermosa quebrada en la que intenté desaparecer... pero la responsabilidad demandaba otra cosa y el destino se hizo presente y no hice más que aceptarme y caminar, seguir caminando, sin cuestionar, sin pensar lo pensado, sin sentir lo que en las entrañas tengo.
Hasta hoy es eso lo que pasó. Tres cosas, tres que no estan en las fotos, ni en los talleres. Estan y vivirán por siempre en la mirada colectiva, en la mirada de este hermoso colectivo.
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