La gestión de una institución educativa pasa por quien aporta el dinero, ya sea el común desde los impuestos, o algún patrón desde su idiosincrasia. Lo público, lo de todos; lo privado, lo de unos pocos. Pareciera que quien mantiene de alguna manera cercana ambos tipos de gestión, las comunica y las hace entender, es el ser en esencia nacional; pues compartimos costumbres, historia, ideas, miradas, más allá de nuestro capital económico, social, cultural y simbólico.
Lo nacional, por ahora, es lo que se establece como puente. Pero si ese puente por alguna extraña razón se deteriora o se rompe y no funciona como un fluir constante, es más, si simplemente deja de existir, se extingue, pasando a ser un dato de nuestra historia, es necesario pensar, idear, una nueva realidad.
Hoy lo público y privado se muestra como lo ineficiente y lo empresarial. Caer en un tipo de gestión o disfrutar el éxito asegurado desde el primer día es lo manifestado desde el gobierno nacional. Por ello, lo nacional del Sistema Educativo Argentino cada vez podría costar verlo más. ¿Cuál sería entonces esta nueva realidad?
Hasta aquí lo público y lo privado son puntos en un mapa y lo nacional el puente que los une. Entonces, podríamos mirarlo de la siguiente manera, lo nacional como la totalidad del mapa, con todos sus accidentes geográficos, sus datos actualizados de clima, posicionamientos de sus individuos, corrientes de aire, movimientos sísmicos; la totalidad del conocimiento vivo. Y la gestión de ese conocimiento como la forma de acercamiento al mismo.
Es preciso dibujar el futuro-.
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