Cada cual es cada cual y no es un simple juego de palabras. Es sin más ni menos, ser quienes nos dicen quien debemos ser. Y eso se manifiesta como un deber. Con todo lo que implica. Lo peor es que lo creemos y somos tan fieles a esa imposición que llevamos nuestro mejor actuar a lugares incomprendidos por nosotros. Llegamos al punto de desconocernos y ser magníficos autómatas del destino impuesto, no el nuestro.
Miércoles de media mañana de trabajo de aula, y la otra media de vivir los estigmas como dolor profundo de estar desfasados de su esencia. Como una escena surrealista, entre formas indefinidas y colores entremezclados por momentos desaparece la esperanza y todo viaja a otro mundo, uno que no deseo ni lo deseo para otro.
Repensar, replantar la tarea, buscar ayuda para que los niños se sepan que en algún lugar puede ser niños; jóvenes, los cuales puedan pensar su futuro y vivir su presente; adultos, animosos por vivir, por transmitir su paso, contar su camino, acompañar a pequeños; ancianos, mostrar su niñez.
Pensar, elegir la vía de la reflexión. Un actuar reflexionado y sentido.
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