¿Cómo hacer para entender que es su tiempo? ¿Cómo llevar la excelencia de la decisión antes los ojos de los que no la creen? ¿Cómo encaminar el deseo de otros hacia la amabilidad y el respeto del silencio ajeno? ¿Cómo caminar entre la espesura sintiéndose parte de la llanura misma de las altas sierras?
Pretendo, si, lo hago, transmitir la esperanza de que más allá de la soledad y la desdicha ante los ojos ajenos se puede seguir, puede aparecer ese otro que tiende la mano si necesidad de pedir nada. Llegar a la mirada sin el grito perturbador, llegar a sentir las lágrimas aunque no se vean y no desperdiciar la sonrisa, el llanto, la expulsión, la exclusión.
Sí, busco, junto a otros, aquello que los caracteriza del la manera más hermosa, de la forma más delicada y dedicada de cada uno. Oficio de buscar la maravilla de persona, un explorador del tesoro del humano, tan grande y tan diverso que cada ser lo torna pequeño mientras se compara.
Pero las fuerzas veces disminuyen más de la cuenta, y el manantial que uno a generado parece esconderse y quedarse seco, sin gota alguna que brindar. Es tanta la violencia, tanto el deseo furioso de dejar de ser, y una madre golpea a su hijo y allí todo se entiende y los pequeños no son más que reproducción de su cotidiano de puertas cerradas. ¿Cómo mostrar la esperanza? ¿Cómo antes ojos llorosos, ojos golpeados, entrecerrados de dolor?
El alma me acaricia, pues alguna vez escribí que las lágrimas son suaves roces de ella en nuestro cuerpo. Y entre esos mimos, siempre necesarios, me pregunto, ¿cómo?
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