sábado, 9 de junio de 2012

Friazononón



Para llegar a la Escuela de Rodeo de los Caballos, 2 Km antes hay que cruzar un río, el Río Rodeo de los Caballos. Crucé después de las 9,30 Hs. y transité por la huella que lleva a la escuela, lentamente, porque el camino y el clima así lo dispone.


Después de comenzar a trabajar en el taller propuesto para ese día, Coco, el albañil que está trabajando en la escuela, me llama para que miré como estaban formadas las velas por debajo del paragolpe. Ya eran las 11 de la mañana, y todo, a pesar del tímido sol, se seguía congelando. Rio y arroyo, a plena siesta con una considerable parte congelada, casi para patinar sobre ella.


Las manos y los rostros de esos niños, que transitan horas a caballo para llegar a la escuela, dan cuenta de la crudeza del clima, de la grandiosa predisposición al crecer y desarrollarse de cada uno de ellos.




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