Después de Kilómetros de conocer caminos, de extraviarnos, encontrarnos con lugareños, dimos con la Escuela Esteban Echeverría de la localidad de San Gerónimo.
Hasta la rotonda, éramos conocedores. Al pasarla, apenas una parte del paisaje. A pocos metros conocimos a Javier que nos brindó magnífica información y unos mates que reconfortaron esa primera etapa. Luego emprendimos camino a La Candelaria pero desviamos a Ciénaga de Britos, que dicho sea de paso erramos en la bifurcación y terminamos a pocos Kilómetros de Cruz de Caña. Una buena forma de hacerse baqueano es perdiéndose y reconocerse en un buen amigo.
Volvimos sobre nuestra huella, y con indicaciones precisas de José, un muchacho de a caballo de pocas palabras, encontramos por fin Ciénaga de Britos. Un paisaje por demás bello, imponente y cautivador. Allí conocimos a Amalia, quien amablemente nos abrió la puerta de su casa y nos trató como invitados de honor.
Pero eso era sólo mitad de camino, aún faltaba llegar a Sauce de Quevedo, luego Taninga, para después emprender la vuelta por el camino más transitado, la ruta 28. Muchas horas de manejar y más de kilómetros recorridos, hasta que encontramos la escuela de San Gerónimo. En ese lugar comenzó la semana de trabajo.
Volvimos ya de noche, entre la nube, lento, con sueño, cansados, contentos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario