Aquí, en Argentina, nadie escapa al Sistema Educativo. Está tan bien pensado y está tan bien dispuesto que es prácticamente imposible no haberlo transitado. Gratuito, obligatorio y laico, desde sus comienzos ha sido la mejor herramienta para los que tienen el poder... a veces unos pocos... otras el pueblo.
Mi abuela hizo hasta tercer grado, mis padres terminaron el nivel medio, mis hermanas concluyeron sus estudios superiores. Al pasar del tiempo las distintas generaciones van tomando la posibilidad y avanzan dentro del Sistema pero la clase social sigue siendo la misma, pobres con la misma expectativa, la de en algún momento no deberle algo a alguien. ¿Seremos consciente de ello?
El viejo sabía que todo lo que vivíamos dentro de las paredes de la escuela nos marcaba para siempre. Era como los inviernos de yerra donde entre risas, destrezas y buena comida algunos quedaban con las marcas a fuego y otros con las cicatrices por algún lazo cortado repartiendo el obligado latigazo. Lo que uno vive desde tan temprana edad es imborrable. ¿Olvidaremos eso?
Luego, cuando uno decide abocarse al otro, y esto es la docencia, se mete en la pura teoría y es tan pura que a veces no entiende de la contaminada realidad. En el período de formación uno vive como en un sueño, a veces tan naife como apocalíptico. Lee, compara, con suerte se posiciona y en el mejor de los casos piensa que esto que tan racionalmente se introduce en su ser podrá modificar lo mamado en la infancia. ¿Acaso es preciso cambiar nuestra historia? o ¿habrá que hacerse cargo?
Después llega el aula, o la dirección, o el escritorio de supervisor o el cargo de asesor o lo que su atrevimiento le otorgue; y allí puja la moral, la ética, lo vivido, lo estudiado, lo soñado, el futuro, lo malos ratos, las malas compañías, los referentes. Mucho se envicia, algunos ideales quedan como recuerdo adolescente, algunos se vuelven adultos, me dijo el viejo una vez; y de ahí, de esa gran sopa se alimenta el Sistema Educativo... lo alimentamos... todos... porque nadie escapa de él.
Consciencia de clase, endoculturación, memoria, compromiso y coherencia. Así se condimenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario