miércoles, 21 de mayo de 2014

Tiempo

Hace tiempo que no me dedico a recordar, a simplemente bucear por lo sucedido y contemplarlo como hasta... podría decir, ajeno. 

Lo más próximo es que caminé por donde alguna vez pretendí expandir mi intelectualidad desde los que saben, los que serán clase dirigente, divergente. Caminé rápido, como para no ser visto, llamado, sentido de alguna manera. Buscaba una mirada, una mirada amiga... quizás la de la niña de los títeres, o la costurera, o el muchacho dueño del silencio. Caminé, casi que corrí y fue tan fugaz ese paso que necesito que aquí quede, para bucear en un tiempo, o para darme un chapusón en el.

Y hoy lo hago, porque encuentro un espacio cómodo, un río o una orilla en la cual descansar y desplegar los papeles, todos los papeles que uno es en esta obra que nos toca actuar. Puedo decir que la tapera del monte casi que tiene piso bien liso, y que en la vera del Suquía he encontrado una porción de orilla con una hermosa sombra, con un fogón para quemar cajones de manzanas o maderas duras, para disfrutar de la brasa que abraza y la llama que deleita.

En este tiempo, de voces de radio, de intentos de norte cordobés, de cámaras estenopeicas, de zootropos, de niños alucinados por la luz, del reencuentro con Amana y San Antonio de Las Toscas; en este tiempo, de todo Marzo inventando, de Abril disfrutando, de Mayo esperando, veo nuevos sueños, extraño algunos que están lejos. Los nuevos proyectan mi sangre, los lejanos la fundamentan. 

Arena y vino. Pues vengo de parrales añejos, pues deseo seguir aprendiendo.

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