miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿A donde van las palabras que uno dice? ¿Hasta dónde llegan? ¿A que rincón de la persona? Las ajenas quedan aquí en la piel, se sienten tibias y lentamente buscan el correr de la esencia para  trasladarse junta a ella por cada mínima porción, por cada pedacito de materia que contiene lo que deseo ser. Esas palabras resuenan a cada instante en cada parte y despierto las veo, y mientras duermo las escucho. No como susurro tímido o precavido, se presentan firmes y dulces, claras y certeras. 

Cada voz viene y me invita a cambiar, a recapacitar, a modificar. Algunas pícaras me desafían a querer buscar la complicidad, a sonreir tarareando la canción. Otras, más severas me reclaman discreción. Cada timbre me retumba, y como un eco infinito cada tanto parece que se aleja, pero este mundo circular lo hace volver.

Cada mirada me torna transparente y quedo cautivado buscando mi reflejo en el iris ajeno. Me busco allí para saberme, reconocerme, recordarme. Porque tanto veo, o por lo menos intento, que por momentos quedo ciego. Camino por inercia, contesto balbuceando llantos, sostengo sin sentir peso, sin percibir el cansancio.

Escucho de lejos que mis sueños gritan, y en el murmullo constante de la soledad el silencio los calla. Pero son testarudos y me susurran dulces anécdotas de niño, el caminar sin destino, el cantar a viva voz por la vereda del vecino, el detenerme a escuchar la historia de vida de un pequeño de tres largos años de vida, con relatos a media lengua de sus dichas y sus penas. Escucho lo que de muy adentro viene, escucho lo que llega de muy afuera y habla de mí sin conocerme.

Hace tanto que no sentía esto, de esta manera... mejor así, cada uno a su modo, yo no tengo nada, solo esto, lo que me dan, que es lo que recibo gustoso. El camino me lleva y las sierras son testigos, sus aguas conocen mis lágrimas en silencio; su luna mi deseo profundo del constante volar.

¿A dónde irán mis palabras, mi voz, mi mirada? Sólo sé que las de aquella persona me colman de una manera indescriptiblemente agradable.

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