Septiembre pecha, muy desde adentro viene y obliga el impulso a germinar, para luego inevitablemente buscar la luz y cuando eso sucede uno es lo que es. Así de simple.
Agosto, como él es, duro y de puro fuego, a dejado ver como somos cada uno. Nos a permitido mirarnos a los ojos iluminados a punto de cegar el alma, y en ese calor incandescente la sonrisa surge y lo más frío del interior escondido aplaca la agonía.
Septiembre como contra aparece igual pero calmo. Lindo contraste. ¿Viajaremos? Ojalá sí. Hasta ahora es preciso no olvidar, es necesario escuchar, estar atento y no bajar los brazos.
Es necesario encontrar la compañía justa, la misma flor.
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